“Ve,llama a tu marido, y ven aca”

Porque Jesús le dijo a la Samaritana: Ve, llama a tu marido, y ven acá.

 

La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Jesús le dijo:
Ve, llama a tu marido, y ven acá. (Juan 4:15-16)

 

Creo que hay algunas cosas dignas de resaltar en éste pasaje de la mujer Samaritana…

Seguramente lo más impresionante de éste pasaje, es la empatía de Jesús con todos sus semejantes. Jesús se interesó en ésta mujer, aún a pesar de que él mismo se encontraba cansado, sediento y con hambre. Para él, un alma, vale más que todo lo de ésta tierra.

Esta mujer samaritana (Samaria) vivía en Sichar, la misma Siquem de Abraham (Gen. 12:6) y donde Jacob también compró una parte de aquella heredad… (el pozo de Jacob)

Los samaritanos eran enemigos perennes de los judíos, aun cuando paradójicamente reconocían ser de la misma descendencia. Sin embargo, los samaritanos eran una mezcla de varias razas que habían sido trasladadas a Israel por los reyes de Asiria (2 Rey. 17:24-34) en el cautiverio de las diez tribus de Israel.

Con estos antecedentes, podemos entender la dimensión de la actitud de nuestro Señor al entablar conversación con la mujer samaritana; y de la sorpresa de aquella mujer cuando un judío osaba hablarle.

Su extrañeza fue aún mayor, cuando Jesús le pide agua para beber, y aún más todavía, cuando Jesús le ofrece a ella “agua viva”.
Esto iba más allá de la comprensión de aquella mujer, quien, en su ignorancia percibía un impedimento dificil para Jesús:… “no tienes con que sacar el agua del pozo, y éste es hondo, ¿Cómo puedes darme a beber agua viva?”…

Pero Jesús tenía la solución, aunque lejos estaba esta mujer de entenderlo: “El agua que yo le daré es una fuente que salta para vida eterna”… Si, aquella agua que Jesús ofrecia, pasa a ser una fuente de agua que salta hacia afuera de todo aquel que la bebe, y salta “para vida eterna”… no era necesario sacarla con cordel como el agua del pozo de Jacob.

Quien tomare del agua de aquella mujer, volvería a tener sed; … lo que aquella mujer podía dar, figurando los placeres de éste mundo, es lo que cautivan una y otra vez a quienes se sirven de ellos… Pero cuando alguno toma de lo que Jesús ofrece; “no volverá a tener sed jamás

En la misma medida que comienza a gestarse aquella conversación de Jesús con la mujer samaritana, … comienza a crecer a los ojos de la mujer samaritana, la opinión, y el concepto que aquella mujer tiene de Jesús… sus palabras, van tocando y transformando el corazón de ella; y paulatinamente va creciendo la imagen de Jesús en su estrecho entendimiento, y comienzan a caer las barreras, los prejuicios religiosos, las diferencias…… Primero era un judío más de los tantos que vivían cerca de ellos… “¿Cómo tu siendo judío, me pides a mí de beber?”…. Luego, le llama Señor… “Señor, no tienes con que sacar el agua del pozo”…
Sin embargo, a pesar de los prejuicios religiosos de aquella mujer, y el evidente esfuerzo de ella por esquivar las palabras de Jesús, hablando del pozo, de las religiones, de la profecía… lo cual nada de esto discutió ni debatió Jesús… siguió creciendo aquel hombre ante los ojos de ésta necesitada mujer … y luego de ser un judío, ahora Señor, luego lo percibe como un profeta: … “Señor, paréceme que eres profeta”… para por último llegar a reconocerlo como Cristo el Mesías prometido… “Se que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo”. La revelación de Jesús no se deja esperar: “Yo soy, que hablo contigo”.

Impresiona la delicadeza de Jesús, su caballerosidad en el trato hacia esta mujer pecadora: contaba ya con varios matrimonios y los mismos divorcios… y para peor, ahora último, con un concubino… Jesús lo sabía… aquella mujer se confieza ante éste hombre maravilloso, que le escudriñaba en su interior y en su vida; y ante la caballerosa y delicada invitación de Jesús, de traer a su marido también a beber de aquella agua viva;… responde. “no tengo marido…” ¿Se había equivocado Jesús al decirle “llama a tu marido”?… ¡No!… había sido su respetuoso trato a una mujer en pecado; … pudo bien decirle “llama a tu pareja”.. “a tu concubino”… pero no;… Jesús le dice: “llama a tu marido”… ¡que delicadeza!… ¡qué amor por una oveja perdida!… ¡que honra, para quien no la merecía!

Jesús sabía toda la verdad: “Bien has dicho: no tengo marido… porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes, no es tu marido, … has dicho verdad” … ¡que historia!

Cuando aquella mujer dejó su cántaro,… dejó también aquella vida de pecado, ¡había tenido un encuentro con el Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!

Esta mujer samaritana que comenzó dudando de que aquel hombre judío pudiese tener algo para una mujer impía como ella;… ahora corre y pregona a voz en cuello: “creo que he hallado al Cristo, al Salvador del mundo”… Lo que fue reconocido por aquellos hombres: “Ya no creemos solamente por tu dicho;… nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que éste es el Salvador del mundo, el Cristo”….

Jesús amplió el horizonte para la samaritana y para aquellos rechazados samaritanos: “Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad”… Es ésta la primera oportunidad en que Jesús revela el establecimiento del Santuario divino, celestial, entre los hombres.

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